Vivía por ese entonces en un depto en piso 13 en el barrio de Almagro en Capital, en Buenos Aires. Estaba tirada en la cama con un novio de entonces. Solo charlábamos y en eso se escucha un rugido popular, el rugido de la gente, como el que se escucha cuando mete un gol Argentina durante un mundial pero mucho más fuerte… siempre se lo cuento a la gente que no vive en esta ciudad hiperpoblada, que ese rugido fue una de esas cosas que no puedo borrar de mis oídos.
Le dije: “-pasó algo… renunció Cavallo? o renunció De la Rúa?”
Prendimos la tele en el living, estaba en pantalla Cavallo, mientras se hablaba de las manifestaciones en puerta, el corralito, el dólar y todo lo que iba a venir… Quedé estaqueada frente a la tele hasta muy tarde, pensando, planeando. Tenía un crédito hipotecario privado en dólares que saldaría al mes siguiente por la mitad de la deuda reventando un viaje que ya tenía planeado y todos mis ahorros.
La sensación de ahora en 2011 es similar a la del 2001: inseguridad. Sensación de inseguridad.
Un rato más tarde, gente del Instituto Superior del Profesorado Joaquín V. González empezaría a circular por mail la información de que nuestro compañero de Castellano, Literatura y Latín, Martín Galli, habría sido herido por balazos en la manifestación en Plaza de Mayo. En 2001 había cursado “Literatura Argentina” con Martín, hablábamos mucho.
Desesperación. Twitter no existe, la información circula en mails que nos reenvíamos y nos reenvíamos. Martín usaba una enorme porra de rastas y dicen que puede que esas rastas lo salvaran, un balazo le dio en la cabeza. Vive para contarlo.
La historia es linda, a Martín lo salvó “el Toba” que le dio resucitación y obligó a un taxi a que lo lleve a un hospital. Casi como los de Rodolfo Walsh, Martín resultó ser “un fusilado que vive”.
Pocos días antes de eso había habido elecciones en #Fsoc AKA Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, y me había juntado con un par de los que se candidateaban a algo, que querían que voté en baja a saber qué lista de graduados. Estábamos en Kill Kenny, había gente de Comunicación (Ciencias de la Comunicación) y de Política (Ciencias Políticas). Todo tranquilo, día de semana, temprano, tomando cervezas en microcentro. Seríamos unos diez, quince. Alguien, no recuerdo quién, dijo que había rumores con el dólar, que sugerían cambiar los pesos y los sacáramos en dólares del banco. Aprovechando que yo me iba de viaje y sacaría plata igual, hice caso al consejo y saqué todo en dólares. Tenía 28 años, no militaba en política, no tenía amigos en gobierno o bancos ni nada, me enteré de pura suerte. Nunca más dejé dinero en un banco.
Ese año había sido un año de muchos “preavisos” mágicos. El 10 de septiembre concreto una compra con Amazon, encargaba dos guías Lonely Planet. Una se titulaba “De Estambul a El Cairo” y la otra “De Estambul a Katmandú”. El 11 estallan las torres y define mi viaje. :S
El 3 de enero de 2002 estoy sentada en la agencia de viaje. Lo había cancelado y había ido a buscar cerca del 90% del reitegro. Eran 1050 dólares más o menos y los precisaba para ofrecer en la cancelación del préstamo. Hacía mil grados y la de la agencia me dice: “-no tengo los dólares pero si esperás, hay gente que está viniendo a pagar cosas y en cuanto la junte te la doy, podés esperar?” Dije que sí, caminé por una calle Florida desierta bajo el rayo del sol y el dinero en el bolsillo unas tres horas después.